El derecho al descanso Relatos y reflexiones en torno al relax, la pausa y el sillón preferido.

El cansancio acumulado lograba que cada **descanso ** se volviera imprescindible.
El sofá se convirtió en su sillón preferido, el único lugar donde conseguía un relajante relax.

Acostumbrarse a la prisa y al estrés acaba por anestesiarnos. ¿Cuánto tiempo hace que no me sumerjo completamente en el ocio? ¿Cuándo fue la última vez que desconecté de todo y de todos?

Cada día parecía una carrera contra reloj, una maratón sin fin. Alcanzar la meta se volvió más importante que disfrutar del camino. Pero la meta tampoco traía la felicidad esperada. Solo más prisas y más obligaciones.

En ese sillón, sin embargo, el tiempo se detiene. Las responsabilidades se alejan y los problemas pierden relevancia. Es ahí donde recupero la paz interior y la tranquilidad perdida.

¿Cuánto valor le damos realmente a los momentos de relax? Parece que solo cuando están a punto de esfumarse nos damos cuenta de lo importante que son. Quizás deberíamos luchar más por incorporarlos a nuestras vidas, antes de que sea demasiado tarde.

Una vida equilibrada se construye sobre pilares tan fundamentales como el trabajo, el ocio, las relaciones y la salud. No podemos descuidar ninguno si queremos ser felices. Así que, cada día, me regalo un rato para el descanso. Un espacio para mi sillón relax.

En aquel sillón de largos y mullidos cojines, la mente se serena y las ideas se aclaran. Es ahí donde llegan las reflexiones profundas y las percepciones más certeras.

¿Por qué no nos concedemos más tiempo para pensar? Siempre andamos tan ocupados haciendo que dejamos de pensar. Y pensar nos hace humanos.

Sentada en mi sillón preferido, observo a la gente pasar y me pregunto: ¿Corren también deprisa hacia ninguna parte? ¿O alguien de ellos se permite parar a vivir?

¿Cuántas veces al día, sin darnos cuenta, estamos inmersos en un autopilotaje? Haciendo cosas por inercia, como autómatas, siguiendo un script que alguien escribió para nosotros.

El mundo sigue girando, pero en aquel rincón salido del tiempo sé que yo dejo de girar con él. Me transmuto en una percepción pura, quieta, libertada de concepts e ideas preconcebidas.

¿Es eso un lujo o un derecho? Quizás debería ser un derecho fundamental para todos: El derecho al propio descanso, practicado sin culpa. Un derecho a no ser productivos, a no ser eficientes, a simplemente ser.

Demasiadas exigencias y demasiadas prisas nos roban de vivir. Es tiempo de rebelarse y exigir nuestra ración de relax. De reclamar nuestro lugar en ese sillón. De imponernos el descanso que nuestro cuerpo y nuestra alma merecen.

La vida es una sola. Demasiado corta para no disfrutarla también cuando nos detenemos.

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