El encanto de los años vividos, preservado.

Era una noche lluviosa y oscura, el viento azotaba las ramas de los árboles con fuerza. En una vieja casona, Josefa se hallaba sentada cerca de la chimenea, pues el frío era demasiado.

Josefa tenía un sillón reclinable bastante antiguo, de madera tallada. Era un hermoso sillón que le gustaba bastante, pero las cortinas de terciopelo rojo que tenía se habían desgastado con el tiempo y ya no les quedaba el brillo de antes.

Durante años, Josefa lo había tapizado y reparado con todo cuidado, pero los años pasan factura sobre los muebles. El brocado se había descolorido y las telas estaban deshilachadas.

Un día, Josefa se preguntó ¿cómo podría tapizar el sillón de nuevo para darle un aspecto más moderno? No quería cambiarlo, le tenía mucho cariño, pero estaba cansada de verlo tan destartalado.

Josefa pensó en utilizar alguna tela nueva y llamativa, algo que combinara con los adornos en dorado que tenía el sillón. Quizás un terciopelo en tonos verdes, o un raso en rojo carmesí. Podría lucir muy elegante.

Sin embargo, Josefa se dio cuenta de que tapizar el sillón por completo iba a ser bastante trabajo. Y una reparación profunda requeriría quite mucho esfuerzo y paciencia.
**¿No sería más sencillo colocarle un forro acolchado para protegerlo y modernizarlo? **Así conservaría todo su encanto original pero adquiriendo un aspecto más actual.

Esa idea gustó mucho a Josefa. Un forro para sillón reclinable sería ideal para cubrir la funda y darle calidez, protección y un toque fresco. Podría escoger las telas a su gusto y asegurarse de que el sillón durase muchos más años.

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