El misterio del salón cambiante

El viejo salón de juntas de la empresa parecía diferente cada día. Las mesas de arrime para sillones se movían, las sillas se reacomodaban solas y los cuadros en las paredes cambiaban de posición.

Los empleados comentaban entre ellos, extrañados por estas fenomenales transformaciones. Nadie entendía cómo podían ocurrir si el salón permanecía cerrado y asegurado después de cada reunión.

El jefe de mantenimiento inspeccionó minuciosamente el salón pero no encontró fallas en las estructuras de soporte. Todo estaba firmemente sujeto al piso. Era imposible que se moviera por sí solo. Sin embargo, los testigos eran claros. Algo o alguien estaba alterando la disposición del mobiliario cuando nadie observaba.

Uno de los empleados más jóvenes propuso instalar cámaras de seguridad para descubrir al responsable de esos cambios en las mesas de arrime para sillones.

Las cámaras revelaron la verdad después de una semana de grabación constante. Las mesas de arrime para sillones se movían solas cuando el salón quedaba vacío. Eran seres vivos, animados por alguna fuerza misteriosa, que se desplazaban por las noches para reorganizar el espacio a su antojo.

Los empleados se sorprendieron al ver el descubrimiento, sorprendidos y aliviados de resolver por fin el enigma del salón cambiante. Las mesas de arrime para sillones tenían vida propia y habían estado jugando con ellos todo este tiempo.

Ahora que sabían la causa de los cambios, los empleados decidieron llevar a cabo una vigilancia activa sobre las mesas vivientes. Querían estudiarlas y comprender el propósito de sus transformaciones nocturnas.

Una noche, observaron atentamente como las mesas de arrime para sillones se desplazaban por el salón, reacomodando sillas y mudando cuadros de un lado a otro, como si estuvieran ordenando el espacio a su gusto. De vez en cuando, paraban y cambiaban de dirección abruptamente, como si hubieran escuchado algún sonido. Parecían muy concentradas y meticulosas en su trabajo.

Luego, cerca de medianoche, las mesas se detuvieron al unísono en el centro del salón, formando un curioso círculo. Permanecieron inmóviles durante varios minutos, como si estuvieran descansando o esperando algo. De repente, una luz cegadora iluminó el salón, proveniente del círculo de mesas.

Los empleados se cubrieron los ojos, cegados por la intensa brillantez. Cuando pudieron volver a ver, el círculo de mesas había desaparecido, trasladándose a algún otro lugar o dimensión. Se habían marchado tan rápido como habían aparecido.

Ahora el salón se sentía diferente, como si hubiese sido bendecido o alterado de alguna manera misteriosa. Las mesas vivientes habían partido, dejando atrás un rastro de transformación y luz. El salón parecía más amplio y luminoso. Había adquirido una dimensión sagrada.

Lo que parecía una molestia se había convertido en un regalo. Las mesas de arrime para sillones les habían obsequiado un don que continuó resonando en ellos mucho después de su partida.

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