El sillón de las promesas cumplidas: testigo fiel de un amor eterno.

La habitación era pequeña y humilde. Servía como salón de estar para una joven pareja que acababa de casarse. No tenían mucho dinero para amueblarla, así que compraron lo necesario: un par de sillas, una mesa ratona y un sillón de tres plazas.

El sillón era viejo y desgastado, con el cuero del asiento desgarrado y las varillas del respaldo. Pero era grande y acogedor, perfecto para el reducido espacio del que disponían. Lo colocaron en la pared lateral y su tamaño hizo que la habitación pareciese aún más pequeña, aunque más cálida y hogareña.

La pareja pasó todas sus veladas en el sillón. Platicaban, reían, contemplaban la televisión y soñaban con un futuro mejor. Se convirtió en el centro de sus vidas y en el eje alrededor del cual giraba la habitación. Su presencia reconfortante les recordaba que a pesar de las dificultades, estaban juntos.

Con el paso de los años, la pareja logró comprar una casa más amplia y muebles más confortables. No obstante, nada podía compararse al viejo sillónLos innumerables recuerdos que atesoraba lo habían convertido en parte de su historia, en el testigo silencioso de su historia de amor.

Decidieron donar todas sus posesiones menos el sillón de tres plazas. Lo transportaron a su nueva y espaciosa sala de estar. Pese a su tamaño, algo en él conseguía llenar el ambienteSu presencia confortante cubría como un manto los recuerdos de épocas pasadas.

Años más tarde, la pareja había envejecido. Pasaban sus días contemplando el paso del tiempo a través de las ventanas de la sala. Sentados en el sillón como lo habían hecho desde el principio, la mano en la mano, sin necesidad de hablarSu viejo y desgastado sillón se había convertido en el símbolo de su amor y su compañerismo.

El sillón para la pequeña habitación se había convertido en el testigo de una historia de amor. Sus historias la habían hecho única, como las paredes que la contenían. Aunque el tiempo pasara y la pareja partiera, su recuerdo permaneceríacustodiado por el sillón que nunca se movió de su lado. El sillón que vio nacer y crecer su amor.

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