El sillón que vio nacer, crecer y volver a empezar. Historias custodiadas.

La habitación permanecía a oscuras. La luz de la luna se filtraba por la ventana, mientras la lluvia caía afuera. En ella, un sillón individual de cuero negro ocupaba el centro. Parecía apesadumbrado, como si aguardara algo o alguien que nunca llegó.

Una joven se detuvo en la puerta, observándolo en silencio. Había descubierto que el sillón pertenecía a su difunta abuela. Era un viejo sillón de segunda mano que su abuela adoraba. Se lo habían regalado cuando se casó y lo conservó hasta el día de su muerte. Ahora, el sillón apenas contaba con valor material, pero atesoraba innumerables recuerdos.

La joven entró en la habitación con paso decidido y se sentó en el sillón. Sintió que envuelto en sus brazos de cuero negro, estaba envuelta en un abrazo de su abuela. Permaneció allí sentada, evocando la compañía de su abuela muertaEra como si no se hubiera ido del todo.

Con el tiempo, la joven se casó. Su esposo era el amor de su vida y no pudo concebir un hogar sin él. Así, decidieron llevarse el sillón a su nuevo apartamento. Querían rodearse de los recuerdos de la abuela a la que tanto echaban de menos.

En el apartamento, colocaron el sillón en un rincón de la sala, iluminado por la luz de la lámpara. Aunque su asiento era estrecho, acomodaba perfectamente a dos personasEra como si la abuela compartiera con ellos momentos de intimidad.

Cuando la pareja tuvo hijos, el sillón fue testigo de sus juegos infantiles. Sus chillidos y carcajadas llenaban la estancia, como antes lo habían hecho las conversaciones de los recién casados. El sillón apreció ver crecer a la familia, como antes lo había hecho en vida su querida dueña.

Cuando los hijos abandonaron el hogar, la pareja permaneció sentada en el sillón, como lo habían hecho en tantas otras ocasionesAhora con más canas que recuerdos, pero igual de unida como el día de su boda. El sillón de cuero negro fue testigo de su amor, como lo había sido de tantas otras historias.

El sillón individual para la sala había presenciado la vida entera de una familia. Sus historias la habían hecho única e irrepetible. La memoria que atesoraba la convertía en el hogar que nunca fue. Aunque el tiempo pasara y la pareja partiera, su recuerdo permaneceríacustodiado por el sillón que nunca se movió de su lado. El sillón de las tres generaciones.

Años después, la nieta de la vieja pareja heredó el apartamento y todos sus contenidos. Entre ellos, el viejo sillón de cuero negro.

La nieta pasó su infancia en aquella sala, rodeada del cariño de sus abuelos. El sillón había sido testigo de tantos momentos felices. Ahora que se encontraba sola, su presencia reconfortante era lo único que quedaba de aquellos días.

Decidió restaurarlo para conservarlo siempre a su lado. Pasó horas puliendo la madera, reparando los arañazos y rellenando los asientos. Quería que siguiera siendo el centro de su hogar, como lo había sido durante tanto tiempo.

Con el sillón recuperó parte de la infancia perdida. Cuando se sentaba en él, era como si nunca se hubiera ido. Los recuerdos volvían a ella, nítidos y vívidos, custodiados por aquel viejo sillón de cuero negro que había presenciado tantas vidas.

La nieta se casó y formó una familia propia. En su nueva casa, el sillón ocupó un lugar de honor en la sala. Sus historias lo habían convertido en el testigo de tres generaciones distintas, pero su presencia familiar seguía siendo la misma.

Los hijos crecieron y el sillón siguió siendo testigo de sus juegos y travesuras. Estaba presente en cada celebración y les proporcionaba la misma compañía reconfortante que tantas veces había ofrecido. Era como si las generaciones anteriores nunca se hubieran ido del todo.

Años más tarde, cuando los hijos abandonaron el nido, la hija de la nieta permaneció sentada junto a ella en el sillón, como tantas tardes lo habían hecho su abuela y su madreAhora con más arrugas que recuerdos, pero igual de unidas. El sillón de cuero negro fue testigo de su amor, como lo había sido de tantas otras historias.

El sillón individual para la sala había presenciado cuatro generaciones de una familia. Sus historias la habían convertido en el hogar que nunca fue, cálido y acogedor. Aunque el tiempo pasara, su recuerdo perduraríacustodiado por el sillón que nunca se movió de su lado. El sillón de las cuatro generaciones.

El sillón que vio nacer, crecer y volver a empezar. El sillón de los recuerdos.

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