El sillón se encontraba inmóvil en la esquina de la sala después de años de estar allí. Era un sillón de cuero marrón, de líneas suaves que parecía diseñado para dar masajes. En su día fue un mueble moderno y funcional.

Muchas historias se tejieron a su alrededor en los años que pasaron. Innumerables conversaciones se sostuvieron en él, risas, llantos, secretos compartidos. En su tapizado se marcaban recuerdos de manos que acariciaron, de cuerpos que se entrelazaron.

La pareja que lo compró en su luna de miel lo utilizó durante décadas para sus momentos de intimidad. Cuando los hijos se fueron de casa y la pasión se enfrió, el sillón siguió siendo testigo mudas de caricias y besos. Con el tiempo, se convirtió en un símbolo de lo que el amor y la fascinación pueden llegar a construir.

Ahora estaba allí, inerte, en silencio. Su función se perdió con el paso de los años. ¿Qué historias podría contar si cobrara vida? Tal vez historias de amantes apasionados, de masajes eróticos, de orgasmos silenciosos. Quizá hubiera presenciado actos prohibidos y sudorosos. Su tapizado guardaba tantos secretos.

El viejo sillón para masajes. ¿Qué historias habría presenciado si cobrara vida?

El viejo sillón para masajes (continuación)

La curiosidad me invadió al contemplarlo. Me pregunté qué clase de encuentros habrían tenido lugar en él. Los cuerpos se deslizarían sobre su cuero mientras las manos exploraban cada curva y relieve.

Sus mullidos cojines habrían acunado tantas noches de pasión desenfrenada. La excitación habría convertido aquel mueble en un cómplice silencioso de tantas delicias carnales. Sus resortes habrían gemido bajo el peso de tantos amantes entregados al placer.

Hubo un tiempo en el que fue testigo privilegiado de tantas sensaciones prohibidas. Ahora solo era un sillón viejo, objetivo y mudo. Cuántas historias guardaría entre sus fibras si pudiera hablar.

Me pregunté quién lo compraría ahora. ¿Lo adquiriría un jovencito ansioso de experimentar nuevas sensaciones con su amante? ¿O tal vez una pareja madura que busca redescubrir la llama de su pasión extinta?

Sea quién sea, el sillón seguirá allí, callado como siempre. Pero con la mirada de alguien que lo sabe todo , de alguien que guarda secretos que merecen ser descubiertos.

El viejo sillón para masajes sabe demasiado. Sus fibras podrían contar historias para las que el mundo aún no está preparado.

¿Qué secretos habrá guardado en su silencio? Su mudez esconde tesoros de una sabiduría pasada de moda.

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