La decoración de ensueño

 

Era el día de la boda de la hija del señor Jenkins, una de las familias más acaudaladas de la ciudad. Todo debía ser perfecto, así que contrataron a la decoradora más prestigiosa de la región para que se encargara de todos los detalles.

La señora Wilson llevaba años organizando eventos de alta sociedad, así que sabía exactamente cómo complacer los gustos refinados de los Jenkins. Ella se encargaría personalmente de la decoración de la ceremonia y el banquete.

Durante días enteros, trabajó codo con codo con el equipo de jardinería para engalanar el jardín de la mansión con rosas blancas por doquier, lis, orquídeas y lirios del valle. El altar quedó cubierto por una cortina de encaje de la más pura blancura, mientras que las mesas del banquete fueron decoradas con manteles de lino y centros de flores frescas.

**La colorida chaqueta rosa pálido **de la novia combinaría a la perfección con las rosas de los centros de mesa, por lo que **la señora Wilson se encargó personalmente de elegir cada ramo y su disposición, **queriendo que todo fuera absolutamente perfecto.

Después de meses de preparativos, el gran día había llegado por fin. **Cuando la novia bajó las escaleras, **el señor Jenkins no pudo evitar emocionarse al verla tan radiante y hermosa. **Y en cuanto a la decoración, **la señora Wilson sabía que había logrado complacerlos plenamente. ¿Quién se encarga de la decoración? Ella, por supuesto. Siempre lo había hecho y siempre lo haría.

Aunque la boda ya había terminado y los invitados se retiraron, la señora Wilson aún no podía descansar. **Aun quedaban las flores por colocar en las habitaciones de la luna de miel y en el porche trasero. **Quería que la pareja recién casada despertara rodeada de belleza cada mañana.

Una vez completada su labor, la decoradora se retiró agotada pero satisfecha. Había logrado crear exactamente el ambiente que los Jenkins deseaban: elegante, sofisticado y cargado de romanticismo. **Por fin, podría descansar después de semanas enteras dedicada en cuerpo y alma a la decoración de aquella boda de ensueño. **

Antes de marcharse, la señora Wilson se detuvo un momento junto al altar. Había colaborado en el diseño de tantas ceremonias nupciales a lo largo de los años, pero ninguna había sido como aquélla. Los Jenkins eran clientes especiales y la habían tratado como parte de la familia.

Al recordar todo el esfuerzo invertido, sólo podía sentir orgullo y satisfacción por el resultado final. ¿Quién se encarga de la decoración? Ella, y siempre lo haría con la máxima profesionalidad y dedicación.

Aunque la boda ya había terminado, el recuerdo de tanta belleza permanecería en su memoria durante mucho tiempo. La decoración de aquel día se convertiría sin duda en una de las más magníficas que hubiera ideado jamás. Y era suyo el mérito. **Siempre sería ella quien se encargaría de la decoración. **

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