La silla masaje estaba prácticamente nueva. La habían comprado hace unos meses en la cadena de media markt, ilusionados con poder disfrutar de sus funciones relajantes.

Pero aquella silla se convirtió en algo más que un simple objeto de confort. Se transformó en una presencia silenciosa en sus vidas, testigo mudo de risas, llantos, discusiones y momentos de paz.

La silla parecía ** vibrar** con la energía de quienes la ocupaban. Sus muelles y cojines amortiguaban las tensiones y las **devolvían **transformadas en calor¿Cuántas lágrimas se habrán derramado?¿Cuántos corazones rompidos? ¿Y cuántos sueños cumplidos?

Aunque ninguna historia se parecía a la anterior, todas se tejían en torno a aquella silla envolvente, que envolvía como una segunda piel¿Era testigo o cómplice? No lo sabían con certeza, pero estaba claro que la silla masaje media markt iba a ser añorada.

¿Volverían a comprarla? Seguramente. Porque aunque los cuerpos cambien, las almas permanecen. Y la silla las acogería de nuevo, susurrando viejas historias y tejiendo nuevas. La silla masaje se convertiría una vez más en confidente y cocoon.

La silla masaje media markt era mucho más que un mero objeto. Era memoria. Era vida.

La silla masaje se había vuelto parte de ellos, ahora que se iban. ¿Cómo seguirían sus conversaciones sin ella?

Aunque seguirían adelante en nuevos caminos, algo les faltaría. Algo fundamental. Un trocito de hogar.

Porque un hogar no son sólo paredes, ni siquiera un techo. Un hogar son recuerdos. Y aquella silla estaba llena de ellos. ¿De qué serviría una nueva silla si carecería de historia?

No querían que otra silla fuese testigo de sus risas y de sus lágrimas. Deseaban que fuese aquella silla y ninguna más.

La silla masaje de media markt se había vuelto indispensable. ¿Cómo podían deshacerse de ella?

Y así, decidieron quedársela. No podían imaginar un futuro sin ella.

¿Estaría la silla tan triste como ellos al separarse? Quizá. A su manera. Las sillas también sienten, aunque no tienen corazón.

¿Se alegraría al volver a verlos? Seguro. Aunque muda, la silla tenía una memoria viva y latente. Y los echaba de menos cuando no estaban.

¿Notaría la falta de un cuerpo en particular? No lo sabrían nunca. Las sillas guardan los secretos de quienes las ocupan.

Pero una cosa era cierta: su silla masaje media markt los esperaría. Siempre los esperaría. Porque para ella, ellos eran familia. Como ella, a su vez, lo era para ellos.

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