La Silla Mágica: Un Viaje Inesperado a Través del Tiempo

Hace muchos años, en una pequeña ciudad de España llamada Granada, vivía un hombre llamado Miguel. Un día, mientras caminaba por las calles empedradas de su ciudad, se encontró con una tienda de antigüedades. Al entrar, vio una silla muy peculiar en el rincón de la tienda. La silla estaba hecha de madera tallada a mano y tenía un respaldo alto y curvo. La silla parecía antigua y tenía una especie de energía mágica a su alrededor. Miguel se acercó a la silla y la tocó con su mano. De repente, se encontró transportado a través del tiempo.

Miguel se encontró en el siglo XV, en la misma ciudad de Granada, pero todo parecía diferente. Las calles estaban llenas de gente vestida con trajes antiguos y el aire olía a especias y hierbas. Miguel se dio cuenta de que estaba en la época de los Reyes Católicos y los musulmanes. De repente, una mujer con un vestido largo y una redecilla en el pelo se acercó a él.

“¿Eres de por aquí?” preguntó la mujer en un español arcaico.

Miguel estaba asombrado, pero respondió que no.

“¿Qué haces aquí entonces?” preguntó la mujer.

Miguel no sabía qué decir, así que simplemente respondió: “Estoy buscando algo”.

La mujer sonrió y le preguntó si quería acompañarla a su casa para tomar un té. Miguel aceptó y la siguió por las calles empedradas de Granada.

Durante su conversación, la mujer le contó la historia de la ciudad y de cómo los Reyes Católicos habían conquistado la ciudad a los musulmanes. Miguel estaba fascinado y preguntó más y más. La mujer le dio un libro sobre la historia de la ciudad y le dijo que se lo llevara consigo.

De repente, Miguel se despertó en la tienda de antigüedades. La silla mágica había desaparecido. Miguel estaba aturdido pero sabía que había vivido una experiencia única. Abrió el libro que la mujer le había dado y vio que estaba escrito en un español antiguo. Miguel sonrió y supo que siempre tendría una conexión especial con la ciudad de Granada y su historia.

La silla mágica había llevado a Miguel a través del tiempo y le había dado una experiencia que nunca olvidaría. Quién sabe dónde lo llevaría la silla la próxima vez.

Deja un comentario